Lula y la Justicia intentan frenar el asalto de los bolsonaristas a las instituciones brasileñas

por | Ene 9, 2023 | PORTADA 3 | 0 Comentarios

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El pasado domingo cerca de 4.000 seguidores de Bolsonaro invadieron en simultáneo el Congreso, el Supremo Tribunal Federal (STF) y el Palacio del Planalto. La institucionalidad del sexto país más poblado del mundo inerme ante una masa de extremistas que vandalizaron con pasión ciega los edificios. Los incidentes dejaron al menos 300 personas detenidas. Hoy lunes el Tribunal Supremo de Brasil ha ordenado al Ejército del país desmantelar todos los «campamentos bolsonaristas» que existen en el territorio nacional en un plazo de 24 horas después del asalto.

Los bolsonaristas más extremos no reconocen el ajustado triunfo de Lula sobre Bolsonaro en el balotaje del 30 de octubre un 50,9 contra 49,1 por cierto que atribuyen, sin prueba alguna, a fraude con el sistema de voto electrónico. Lula asumió la presidencia el 1 de enero a los 77 años y por tercera vez en su vida. Los primeros días de su gobierno, con una sucesión de decisiones y un ambiente de unidad, se demostraron un espejismo. Brasil está altamente polarizado, y en uno de sus polos anida un grupo que reniega de la democracia.

A las dos de la tarde del domingo, miles de personas iniciaron una caminata hacia el centro de la ciudad. Iban escoltados por la Policía Militar (PM) del Distrito Federal y ocupaban tres carriles de la avenida. Una vez que llegaron a las inmediaciones del Congreso quedó claro que el puñado de policías que custodiaban las instalaciones no podían hacer mucho ante la masa enardecida. Derribado el perímetro de seguridad y en medio de gases lacrimógenos, comenzó la invasión.

Primero fue el Congreso, con especial saña en el Senado, donde se observaron, dos años y dos días después, escenas que recordaron a la invasión del Capitolio en Washington DC el 6 de enero de 2021. Además de apoderarse del estrado de la presidencia del Senado y filmarse y fotografiarse, los extremistas, envueltos en el verde y amarillo de la bandera brasileña, convirtieron en lúdico tobogán la rampa de acceso a la mesa presidencial.

Tras el Congreso llegó la invasión al Palacio del Planalto. Oficinas vandalizadas, vidrios destruidos, obras de arte arruinadas y la oficina de Janja, la esposa de Lula, arruinada con especial saña. Todo, con el añadido de una inundación a partir de la utilización de las mangueras antiincendios.

El STF fue el siguiente, y mientras destruían la sala de plenos, los extremistas se hacían con un trofeo: la puerta del armario en el que De Moraes guarda sus togas. De Moraes es detestado por los bolsonaristas por su papel decisivo como presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE): la exhibición de la puerta como botín de guerra desató la euforia de los presentes.

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